Unión necesita una reacción inmediata. La reciente derrota frente a Independiente en el Estadio 15 de Abril volvió a exponer los principales aspectos que el director técnico Leonardo Madelón busca corregir con urgencia: un equipo con volumen de juego capaz de generar peligro constante, pero condicionado por una fragilidad defensiva que le cuesta caro.
Con el trascendental cruce ante Boca Juniors programado para este viernes, el Tatengue trabaja a contrarreloj para recuperar la regularidad y encontrar la solidez que le falta. En este complejo escenario, la figura de Cristian Tarragona adquiere un protagonismo cada vez mayor en la estructura colectiva.
El «9» de Unión: Un faro que sufre el rigor de los defensores
El delantero santafesino no solo se consolidó como la principal referencia en el ataque del equipo, sino que su estilo de juego físico —caracterizado por aguantar el balón de espaldas y disputar cada dividida— se ve respaldado por una estadística contundente. Tarragona se ubica entre los diez futbolistas que más faltas recibieron en las primeras diez fechas del Torneo Clausura.

Según los datos oficiales de la Liga Profesional de Fútbol, el atacante del Tate acumuló 19 infracciones recibidas en apenas nueve partidos disputados. Esta cifra permite mensurar su alto nivel de intervención en el juego y cómo las defensas adversarias deben recurrir sistemáticamente al juego brusco para poder frenarlo.
El ranking de los futbolistas más golpeados de la competencia está liderado por Ignacio Fernández, de Gimnasia y Esgrima La Plata, con 38 faltas recibidas. Sin embargo, para la realidad táctica de Unión, el aporte de Tarragona tiene un valor estratégico incalculable: cuando el delantero entra en sintonía, se transforma en una herramienta clave para generar duelos individuales, ganar tiros libres y abrir defensas cerradas.
El gran desafío de Leonardo Madelón
El cuerpo técnico sabe perfectamente que el desgaste de su centrodelantero debe traducirse en una mayor contundencia colectiva. La visita ante el Xeneize representará un examen de máxima exigencia para un Unión que está obligado a disipar las dudas de su doble faceta: un ataque punzante y peligroso, pero una defensa vulnerable cuando es atacada con velocidad. En ese camino hacia la regularidad, las esperanzas del Tatengue se apoyan en los hombros de su goleador.
Con información de Uno Santa Fe
