Que Boca salga a jugar los cuartos de final de la Copa Argentina sin su arquero titular es un riesgo que deberá asumir Rodolfo Arruabarrena. El clásico ante Racing de este domingo en el Gigante de Arroyito cae en plena fecha FIFA y le complica el armado al Vasco: si bien podrá contar con Leandro Paredes, suspendido por diez partidos en la Selección Argentina, y Leonel Flores, convocado por Lionel Scaloni aunque liberado el viernes, lamenta la ausencia de Álvaro Montero, llamado por Colombia.
Tan fundamental se volvió el arquero, héroe en dos tandas de penales y hoy con siete vallas invictas, que el propio Juan Román Riquelme se comunicó personalmente con el entrenador Néstor Lorenzo para intentar retenerlo. “Nosotros hablamos, en este caso el presidente, con Néstor y fue claro: lo necesita. Y yo no le voy a cortar la opción a un jugador de representar a su país”, contó el DT, que apostará por Leandro Brey.
Decir que “llegó su momento” sería caer en un cliché que lo acompaña desde hace un largo tiempo, cada vez que se le despeja el camino hacia la titularidad. Porque Brey ya no es aquella promesa llegada de Los Andes que volaba de palo a palo en la Reserva y hacía méritos para subir a Primera. Ya fue protagonista en instancias decisivas y justamente en Rosario, aunque aquella vez fue en la cancha de Newell’s, escribió la página más importante de su historia azul y oro hace poco menos de dos años.
Hoy, con 24 recién cumplidos, conoce las exigencias del arco xeneize y sabe que no mide lo mismo que el de cualquier otro club. Para el cuerpo técnico es el segundo arquero en la consideración, por delante de un histórico como Javier García.
Entre la salida de Agustín Rossi, las lesiones de Sergio Romero y Agustín Marchesín y las decisiones de los entrenadores de turno, Brey tuvo varias oportunidades para adueñarse del puesto. Atajó en definiciones, en noches de copa y mantiene un interesante invicto en clásicos, una estadística que, con el duelo ante la Academia a pocas horas de disputarse, hoy toma mucha más fuerza.
Todo comenzó justamente con un triunfo 4-2 ante Racing, siguió con dos victorias en hilera frente a San Lorenzo (2-1 y 3-2), un empate 0-0 con Independiente y tuvo su pico más alto con el Superclásico ganado a River por 1-0 en el Monumental. No sabe lo que es perder esta clase de compromisos. Sin embargo, nunca terminó de afianzarse y, desde entonces, vive permanentemente entre una nueva chance y la postergación.
Que tiene presencia, velocidad de reacción y gran juego aéreo no es ningún descubrimiento. Por algo Juan Román Riquelme avaló su incorporación en 2022 desde el Ascenso y no tardó en augurar que “va a ser el arquero de Boca por muchísimos años”. Pero el puesto no perdona, menos en Boca, y algunos errores puntuales lo fueron relegando en la competencia por la titularidad.
Su recorrido, de todos modos, está lejos de ser el de un arquero que pasó inadvertido. Atajó 43 partidos, recibió 27 goles y tuvo 19 vallas invictas. Y si existe un escenario en el que consiguió mostrar su mejor versión, ese es justamente el de la Copa Argentina, un torneo que suele ofrecerles minutos a los futbolistas más rezagados y que, en su caso, terminó convirtiéndose en una especie de territorio conocido.
En esta edición mantuvo el arco en cero en los 32avos de final contra Gimnasia de Chivilcoy (2-0) y en los 16avos ante Sarmiento (2-0), aunque para recordar su noche de gloria hay que volver al 24 de octubre de 2024. Luego del empate 1-1 con Gimnasia La Plata en el tiempo reglamentario, Boca definió el pasaje a la semifinal en los penales y Brey, apuesta total de un Fernando Gago que dejó sentado en el banco a Sergio Chiquito Romero, fue un paredón.
Una tras otra, contuvo las ejecuciones de Rodrigo Castillo, Franco Troyansky, Leonardo Morales y David Salazar, clasificó a los suyos y se convirtió en el primer arquero en la historia del club en detener cuatro en una misma tanda. “Trato de disfrutar y aprovechar cada minuto”, expresó en TyC Sports, con la tranquilidad del deber cumplido. Y Aaron Anselmino lo elogió en nombre de todo el plantel: “Nos salvó, es un animal”.
Un mes antes, en los cuartos de final con Talleres, ya había sacado provecho de sus reflejos y dado muestra de su temple: atajó un remate y convirtió el suyo en una tanda maratónica que el Xeneize ganó 8-7.
En la Copa Argentina siempre está latente la chance de los penales. Boca, que sabe lo que es jugarse la historia y el pellejo desde los doce pasos, disputará el clásico ante Racing sin Montero, gran figura en la última definición contra Vélez. Tendrá a Brey, un pibe no tan pibe que ya conoce la presión de estas noches. Porque si algo le enseñó este torneo es que las oportunidades no avisan: llegan, exigen y pueden hacer que un arquero que estaba a la sombra termine acaparando el centro de la escena.
