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Ponzio y los desafíos que decidirán su futuro en River

Ponzio y los desafíos que decidirán su futuro en River

Cuánto sentido tiene que Leo Ponzio hable de “vivir el hoy”: un empate en Junín, una derrota en el Monumental y una tibia victoria sandwich frente a un ya descendido Estudiantes (RC) deterioraron aquella sensación de continuidad que se había generado en torno al deté de River luego de sus tres primeros triunfos consecutivos en el banco (Banfield, Independiente Rivadavia y Atlético Tucumán). Tal es así que frente a Belgrano el interinato rendirá un examen con altísima incidencia en lo que vendrá. Imaginar un futuro parece, ahora, más lejos del presente.

Puertas adentro, el plan se mantiene vigente: si el “interinato” -palabra que Ponzio cuidadosamente pronunció después de su debut- cumple con los objetivos mínimos y máximos (clasificar a la Libertadores y ganar el campeonato) será el entrenador luego de que finalice la temporada. Pero Leo sabe que ahora deberá convivir con la silueta de Ramón Díaz emergiendo del horizonte como candidato natural al cargo por empatía con la idea del hincha, por vitrina (9 títulos ganados) y por propia voz. Sus palabras admitiendo que espera “una oportunidad” no dejan de ser una presión.

Parece improbable que el análisis de River no se multiplique a partir de ahora por el factor Ramón. A menos que lo que se coseche sean éxitos para tildar las metas trazadas para robustecer el cargo de conductor provisorio del fútbol del club. Matemáticamente no es imposible que el equipo consiga dar en los blancos apuntados, ya que está a cinco puntos de los puestos de ingreso a CL por tabla anual con 12 en juego aunque la mitad de ellos estarán en juego ante rivales directos: Belgrano en el Kempes y Boca en la Bombonera. El problema radica en que el juego a través del cual se debe cimentar la esperanza todavía no aparece. Que es lo que se espera de Leo.

Luego de los 21 días de mini pretemporada por la fecha FIFA todo se parece mucho a lo anterior. River, de hecho, perdió la simpleza que había mostrado en el comienzo del ciclo Ponzio: en lugar de aprovechar extremos, amplitud y desdobles, comenzó a insistir con asociaciones interiores, paredes y pases entre líneas. Así pasó de convertir nueve goles en los cuatro partidos previos a sólo dos en el par de encuentros posteriores al parate. Y a eso se suma la fragilidad.

Porque a River le cuesta muchísimo recomponerse del primer golpe: acumula 31 partidos consecutivos sin conseguir dar vuelta un resultado y apenas nueve de ellos terminaron en empate. Problemática de arrastre de los dos últimos ciclos de entrenadores: comenzó con Marcelo Gallardo, siguió con Eduardo Coudet y LP no pudo corregirlo. Además, como equipo es permeable: en este semestre recibió 17 goles en 15 fechas. Siete de ellos, en el ciclo Ponzio.

Dentro de ese contexto a nivel colectivo, a excepción de Ángel Correa, las individualidades no están logrando construir un equipo ensamblado. Firme y rocoso para las disputas. Decidido a nivel tensión en los duelos para imponerse. Y es ahí donde rivales mucho más terrenales en términos de jerarquía y presupuesto acaban equiparando las cosas, e incluso imponiendo las condiciones.

Es ese el “hoy” en el que transita sus días Ponzio. El único responsable de su destino: si sus métricas son óptimas y consigue dos victorias fundamentales para este sprint final de campeonato, quizás el barullo periférico sobre potenciales sucesores al puesto quede atrás en la agenda y su continuidad empiece a confirmarse cimentada en resultados deportivos pero sobre todo en rendimientos. Un plafón convincente para que Leo pueda pensar en el mañana.

 

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