Los superclásicos son partidos que marcan gran parte del éxito que puedan conseguir los jugadores de cualquiera de los dos clubes más grandes del fútbol argentino. Son los hitos más destacados de cada año, ya sea que no los jueguen por alguna razón o bien que les toque estar y destacarse: una variante que puede destinar al protagonista a la categoría de ídolo. Y un camino en el que inevitablemente está sumido Leandro Paredes, a punto de jugar su tercer Boca-River desde que volvió al club y el quinto oficial en su carrera.
Un partido que esta vez tendrá más condimentos aún por todo lo que su figura implica, entre la recuperación récord que tuvo de su desgarro, l a importancia que tiene en la mitad de la cancha de su equipo y -por qué no- en lo que su presencia influye en la confianza del rival.
Porque este Paredes -al margen de tener la misma impronta con la que jugó su primer Súper hace exactamente 14 años- es ahora un hombre que se carga en sus hombros cada una de las responsabilidades que Boca le impone, como líder positivo adentro del vestuario y como el jugador que hace la diferencia adentro de la cancha. Justo ahí desde donde fue escribiendo su propia historia contra River.
El primer Súper
Aquel primer partido de los cuatro que lleva hasta acá (dos empates y dos triunfos, por orden de aparición) fue nada menos que con el regreso del Millonario a la máxima categoría, en octubre del 2012, y con un Paredes de 18 años. El choque en cuestión se jugó en el Monumental y lo abrió temprano un tiro libre del actual entrenador de los de Núñez, Leonardo Ponzio.
Su debut
La ventaja del local se amplió cerca del final, antes de que Boca descuente por intermedio de un penal y de que -minutos después- Julio César Falcioni mande a la cancha el último cambio que le quedaba, haciendo ingresar a Paredes por Cristian Pochi Chávez.
La apuesta le salió bien: sobre la hora, Leandro tomó una pelota que su equipo recuperó ante una mala decisión de River en ataque y -con una pisada característica suya- eligió la jugada antes de abrirle el juego a Lautaro Acosta, el autor del centro que terminó en empate agónico gracias al rebote capturado por Walter Erviti.
Si bien jugó también un rato en otro empate (1-1 en la Bombonera en el primer clásico del 2013, ya con Carlos Bianchi en el banco), ese verano había tenido mucho más protagonismo para el actual capitán en materia de Boca-River.
Verano difícil
Es que aún no se había concretado el regreso de Juan Román Riquelme tras su salida temporaria en 2012, y Leo fue titular y referencia en ataque en las dos derrotas amistosas tras las que JR le aceptó el desafío al Virrey para volver y «sufrir juntos», según se deslizó por esos tiempos.
Regreso con todo
Ya de regreso en Boca, la materia superclásicos la superó con creces, siendo protagonista de los dos que jugó y con su equipo ganador en ambos. Primero, con el 2-0 en la Bombonera en el que se destacó como lo hace habitualmente, aunque la figura que quedó en la retina de todos fue la de Exequiel Zeballos.
En el otro partido, el más reciente, sí que fue la imagen del Boca ganador. Gracias a su gol de penal, es cierto, que fue el definitivo 1-0. Pero más aún por haber podido influir con su juego desde la mitad de la cancha, adueñándose del trámite en un Monumental que no veía una victoria xeneize desde hacía cuatro años. Y antes de dejar la cancha a 15 minutos del final, con una lesión muscular que propició que -hasta acá- a Paredes le quede una materia pendiente en partidos contra River, que tiene que ver con que nunca completó los 90 minutos.
Su mirada del clásico
«Uno siempre sueña con jugar este tipo de partidos, de local en La Bombonera. Ojalá sea un gran partido y podamos hacer lo mejor posible», dijo el capitán a la salida del vestuario de la cancha de Independiente, después de jugar un partido entero con una lesión a cuestas. En el inicio de una previa muy especial, que esta vez puede tener a la vuelta de la esquina su primer gran festejo como jugador de su querido Boca.
